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Brecha digital: no todos estamos conectados

Diariamente nos llegan señales y evidencias de que hemos mejorado las condiciones de vida al llegar a la vejez con respecto a las generaciones que nos precedieron. Hoy en día no resulta un fenómeno excepcional que las personas puedan vivir 100 años debido muy probablemente a un conjunto de diferentes causas que han podido contribuir a mejorar el estilo de vida, como pueden ser la práctica de actividad física o el culto a consumir alimentos saludables. Sin embargo, por lo que se refiere al uso de las nuevas tecnologías, existe una dificultad añadida en su aprendizaje por parte de la población que no ha nacido durante la revolución digital con la creación de Internet y que ha provocado que surja la llamada “brecha digital”.

¿Qué es la brecha digital?

La brecha digital es el concepto que se utiliza para referirnos a la desigualdad en el acceso y uso de Internet y las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) entre los grupos diferentes sociales y que se determinan en base a la situación geográfica, económica, cultural o de edad. No todos tenemos la oportunidad de vivir “conectados”.

¿Cuáles son las causas de la brecha digital?

Las distintas características de los grupos sociales ya determinan por sí mismas las causas de que exista la brecha digital, al mismo tiempo que identifican sus diferentes tipos. La brecha digital económica es una de las principales que comporta que las TIC no puedan implantarse en los países menos desarrollados donde la preocupación principal es la supervivencia. La dificultad de establecer infraestructuras debido a su ubicación geográfica, supone otro tipo: la brecha digital geográfica, por ejemplo, la circunstancia de que existan zonas rurales donde no existe conexión a Internet.

Pero queremos poner el foco en un tipo de brecha en especial: la brecha digital generacional. Como anteriormente hemos indicado es evidente que, a diferencia de los jóvenes que han nacido ya con las nuevas tecnologías y están acostumbrados a utilizarlas, las personas de más edad no se sienten del todo cómodas con su uso. Esto no supondría un problema si no fuera que estas nuevas herramientas se han convertido en la base de utilizar la mayoría de los servicios, incluido los sanitarios y las entidades bancarias, esenciales en la vida diaria.

Una gran diferencia de uso de TIC en la brecha digital por edades, se demuestra en el estudio del uso y equipamiento de TIC en los hogares durante el año 2019, realizado por el Instituto Nacional de Estadística.

En el citado estudio se puede apreciar, los valores de la franja de edad de 65 a 74 años, tanto hombres como mujeres, demuestran un porcentaje mucho más bajo en uso de TIC que las demás franjas de edad.

Un ejemplo de brecha digital en España es, sin duda, las dificultades que los colectivos que no son nativos digitales tienen que afrontar para adaptarse a los nuevos procesos de gestión que implementa la Administración Pública u otros negocios, como por ejemplo el bancario. Es importante encontrar un buen equilibrio entre la transición digital y seguir ofreciendo un buen servicio presencial que se adapte a las necesidades de todos los colectivos.

Es posible conciliar la innovación para ganar en eficiencia gracias a los trámites a través de entornos digitales, como aplicaciones móviles o páginas web, con el trato directo presencial y cercano a través de servicios personalizados, si así lo desea el cliente. La brecha digital no ha de significar una fisura insalvable, ni en los servicios que ofrecemos a nuestros clientes ni en nuestra sociedad.